Hace subi un tiempo un tema relacionado con los Angeles, ahora les presnto la continuacion del tema de los epiritus puros, relacionado con el demonio y sus siervos, debo aclarar que nada de lo que esta aqui corresponde a nada mas que una recopiliacion de teologia Catolica, de los ultimos siglos y no a una difucion de superticiones, creencia esotericas o satanismo, la obligacion de todo Cristiano es conocer al enemigo que enfrenta y la unica forma de conocerlo es aprender de el,
Demonológia (nivel intermedio)
Este curso contiene contenidos de demonología, algo mas avanzados entrando en temas como cultos sectas, sexualidad demoníaca y visiones heréticas del tema durante la historia
Como ya estudiamos, el Diablo y los demonios eran ángeles que vivían en la presencia del Altísimo. Dios creó a Satanás para la gloria, pero hizo una libre elección hacia el mal. San Agustín (354-430), decía que “el Diablo estuvo en la verdad, pero no perseveró. Su defecto no estuvo en su naturaleza sino en su voluntad”(42). Su caída se debió a tres razones:
Su propio orgullo, cuando se quiso igualar a Dios. Al respecto, escribía el profeta Ezequiel: “Tu belleza te llenó de orgullo, tu esplendor echó a perder tu sabiduría” (28,17). La misma opinión tiene San Pablo (1Timoteo 3,6).
La envidia y los celos que sitió cuando el Creador decidió hacer al hombre a su “imagen y semejanza”(Sabiduría 2,23-24).
Una vez el Diablo cayó en su falta, persuadió a otros ángeles a seguirlo. Según la Biblia fue una tercera parte de ellos (Apocalipsis 12,4; Daniel 8,10). San Macario (290-347), afirmaba que los ángeles rebeldes “son tan numerosos como las abejas”; y San Atanasio, patriarca de Alejandría (295-373), hablaba que el espacio está repleto de demonios(43). Desde entonces no hubo lugar para estos espíritus del mal en el cielo (Apocalipsis 12,8); teniendo como morada dos lugares:
El infierno o gehenna (en griego): Donde el fuego nunca se apaga (Mateo 5,22; 13,49-50; Marcos 9,43-48); llamado también como el abismo (Lucas 8,31; Apocalipsis 11,7; 17,8; 20,1-3); horno de fuego (Mateo 13,42); lugar de tormento (Lucas 16,28) y de tinieblas (Mateo 8,12). Porque “Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que los arrojó al infierno y los dejó en tinieblas; encadenados y guardados para el juicio”(2Pedro 2,4; véase también Judas 6 ). Desde allí el “reino de los cielos” y el “reino del averno” tienen varias diferencias: del primero es luz, bien, amor, felicidad y sabiduría; del segundo, oscuridad, mal, odio, amargura y confusión, este Averno, no es exactamente un lugar físico sino mas bien un estado interior donde todas estas emociones son eternas e imperecederas donde el maligno y sus compañeros. son atormentados y cegados incapaces de ver su error ni de suplicar misericordia Divina, debido a la soberbia beligerante de sus almas
Satanás y sus ángeles fueron lanzados a la tierra (Apocalipsis 12,9). Por eso, Jesús lo llama como “príncipe de este mundo”(Juan 14,30; 16,11); para San Pablo es “el dios de este mundo” (2Corintios 4,4); que junto con los espíritus del mal habitan en el aire (Efesios 2,2) o en el cielo (Efesios 6,12). Todo el mundo yace en poder del Maligno (1Juan 5,19); no porque lo haya creado, sino porque está lleno de pecado y pecadores (Génesis 6,5-6.11-12; 7,1; 8,21; Eclesiastés 4, 1-3); el mundo viene de Dios, y lo mundano del Diablo (1Juan 2,16). Incluso, en el libro de las Revelaciones la ciudad de “Babilonia” la grande (equivalente a la Roma imperial), era considerada como “vivienda de demonios, guarida de toda clase de espíritus impuros” (18,2). Del mismo modo, antiguas tradiciones talmúdicas de los hebreos, se nombra a Azazel “el demonio del desierto”; en recuerdo del macho cabrío que los israelitas enviaban cada año a este lugar, para expiar las faltas del pueblo de Dios (Levítico 16, 5-10). En tiempos de Jesucristo como los judíos ya no vivían en el desierto, despeñaban el animal por un barranco distante unos 20 kilómetros de Jerusalén. El desierto es el lugar de descanso de los “espíritus impuros” (Mateo 12,43; Isaías 34,14); el arcángel San Rafael encadenó al demonio en la parte más lejana de Egipto (Tobías 8,3). Siendo este el mismo escenario en que el Mesías resistió después de cuarenta días de ayuno, las tres tentaciones del Diablo (Mateo 4,1-11).
En los primeros siglos del cristianismo (III-V),
los monjes ermitaños se retiraron a las áridas arenas del desierto de Egipto y el Asia Menor; esperando vencer física y espiritualmente a los ejércitos infernales; por medio de una vida ascética que incluía la oración, la meditación de las Escrituras, el ayuno, la penitencia, la soledad y el trabajo manual. A ellos se les daba el título de “guerreros contra el Diablo”. Uno de los más importantes fue San Antonio (251-356), patriarca de los cenobitas, de él cuenta San Atanasio que Lucifer llegó a dedicarle una verdadera galería de pinturas impuras, que el santo monje borró con agua bendita.
Por otra parte, los padres de la iglesia identificaron en los textos bíblicos que Lucifer, el Dragón, el rey de Tiro y el Diablo; son todos ellos el mismo Satanás(44). Sin embargo, cada uno presenta características especiales:
La Trinidad Satánica: Conformada por el anti- Padre (el dragón- Diablo); el anti- Hijo (el Monstruo- la Bestia); y el anti- Espíritu Santo (el Falso Profeta).(Apocalipsis 16,13; 20,10). Según algunos teólogos católicos del siglo XV, el padre y el hijo no serian en el mismo ser, sino que habría una diferencia entre ellos, el padre el tentador original o Satanás también conocido, como AZAZEL, y el hijo el resultado de un intento prohibido de este de crear vida por parte del creado una de las razones por la que este habria sido expulsado el padre del cielo, el príncipe de las tinieblas llamado LUCIFER, pero en realidad esta teoría, no es aceptada por la mayoría de la doctrina teológica, acerca del tema
Lucifer (Luzbel): Su nombre significa “estrella de la mañana” o “portador de la luz”. Era el más bello, sabio y poderoso de los ángeles; su caída fue como un “lucero al amanecer”( Isaías 14,12-15), “se le dio las llaves del pozo del abismo”(Apocalipsis 9,1).
Diablo: del griego “diabolos”, en hebreo “satán”, equivalente a “contradictor”, “obstructor”, “calumniador” o “detractor”. Taciano, discípulo de San Justino (s. II),decía que “el Diablo es el primogénito de los demonios, y jefe principal. Su posición solo significa que el fue el primero en pecar, y convertirse en ángel caído”(45). Es el Dragón que peleó con sus ángeles contra San Miguel (Apocalipsis 12,7); la palabra Dragón, simboliza un animal de gran tamaño, terrible crueldad y espantosa forma. es también “la serpiente antigua”(Apocalipsis 12,9; 20,2); la misma que tentó a la primera mujer en el paraíso (Génesis 3,1.5; 2Corintios 11,3), y a todo el mundo ( Apocalipsis 12,9). Es además, el “ángel acusador” que sube hasta la presencia de Dios, para pedir permiso de poner a prueba a Job (1,6-12; 2,1-6). El profeta Zacarías ve en una visión a Josué, el sumo sacerdote; en presencia del ángel del Señor y el ángel acusador (3,1); igualmente, es el acusador de todos los hombres (Apocalipsis 12,10). Satanás es el causante del sufrimiento (2Corintios 12,7), la enfermedad (Job 2,7), la maldad (1Samuel 18,10), la muerte (Romanos 5,12); siembra la cizaña (Mateo 13,25.39), persigue a los cristianos (Apocalipsis 2,10), opositor de Cristo (1Juan 2,22). “Homicida desde el principio y padre de la mentira” (Juan 8,44); es el “maligno” (Mateo 13,19); el “enemigo” (Lucas 10,19); el “tentador” (Mateo 4,3); el “engañador” (Apocalipsis 12,9). Algunos otros nombres que le dieron los Padres de la Iglesia; son: Ladrón, tirano, el exterminador, corrompido, maldito, apóstata, el Malo. San Ireneo (s. III) lo llama “ángel rebelde”, y Tertuliano (160-230) “el mono de Dios”(46).
Otros ángeles caídos mencionados en la Biblia, Son:
Abadón (hebreo) o Apolión (griego): Que quiere decir “destructor” o “ruina”; es considerado “El jefe de las langostas. Que es el ángel del abismo”(Apocalipsis 9,11).
Asmodeo: Demonio de la maldad y la muerte. Es el espíritu maligno que mató a siete maridos a Sara (Tobías 3,8); y que fue encadenado en el desierto por San Rafael.
Beelzebú: “Señor de las moscas”, llamado el “príncipe de los demonios” (Mateo 10,25). Los Fariseos acusaban a Jesús de recibir poder de este espíritu del infierno (mateo 12,24; Juan 8,48-49.52).
Belial: El “inútil” o el “impío” en hebreo. En los manuscritos del mar muerto, aparece como uno de los nombres del demonio que utilizó San Pablo (2Corintios 6,15).
EL Demonio: como concepto:
Del griego “daimon” significa en plural “espíritus impuros”(Apocalipsis 18,2), son “malignas fuerzas espirituales del cielo, las cuales tienen mando, autoridad y dominio sobre este mundo oscuro”(Efesios 6,12). Pueden llegar a ser “legión”; es decir, “muchos” (Marcos 5,9).
Leviatán: Palabra hebrea que traduce “animal solapado”, representado en la Biblia en forma de serpiente, cocodrilo, bestia marina o dragón del abismo (Isaías 27,1). La destrucción de Leviatán por Dios, simboliza la derrota definitiva de los enemigos de Israel.
En el Nuevo Testamento, el “Diablo” aparece siempre asociado al pecado (1Juan 3,8). Ya desde la caída de Adán y Eva, los seres humanos tienen la libertad de escoger entre el bien o el mal (Génesis 3,22; Santiago 1,13); desde entonces estamos sometidos a continuas pruebas (1Corintios 10,13; Santiago 1,12); que podemos hacerle frente mediante la oración (Mateo 26,41), y la confianza en Dios (Romanos 8,31). Por eso, no hay que darle oportunidad al Diablo (Efesios 4,27), pues hay una continua batalla entre los hijos de la luz, y los hijos de las tinieblas (1Juan 3, 9-10; Colosenses 1,12-13), hasta el día del Armagedón (Apocalipsis 16,16). San Agustín enseñaba que “el que se aparta de Cristo, es presa fácil del demonio” (Compara con 2Timoteo 2,26)(47); como ocurrió con Judas el “traidor” (Lucas 22,3; Juan 13, 2-4.27), y con Ananías (Hechos 5,3).No puede haber ninguna relación entre “Cristo y el demonio”(2Corintios 6,15); ni “beber de la copa del Señor y, a la vez , de la copa de los demonios; ni pueden sentarse a la mesa del Señor, y a la vez, a la mesa de los demonios”(1Corintios 10,21). Al respecto, el escritor de Las Homilías Clementinas, obra apócrifa del siglo II, afirmaba que Dios rige el mundo con ambas manos. Con la “mano izquierda” (el Diablo) trae sufrimiento y aflicción; y con la “mano derecha” (Jesús), salvación y felicidad.
“El Hijo de Dios se ha manifestado para deshacer la obra del diablo”(1Juan 3,8; 4,4). Satanás no puede impedir la edificación del reino de Dios en la tierra, porque “será expulsado el que manda en este mundo”(Juan 12,31). Los demonios saben que hay un Dios y tiemblan de miedo (Santiago 2,19); además, Cristo Jesús “a los espíritus impuros da órdenes, y le obedecen” (Marcos 1,27). Ellos reconocen que es “el Santo de Dios” (Marcos 1,24), el “Hijo del Dios altísimo” (Marcos 5,7). Incluso, el Señor “expulsó a muchos demonios; pero no dejaba que los demonios hablaran, porque ellos le conocían” (Marcos 1,34).La liberación de espíritus malos por el Hijo del hombre, era una prueba de que el reino de Dios, había llegado (Mateo 12,28; Marcos 3,26). Jesús anduvo en la tierra “haciendo el bien y sanando a todos los que sufrían bajo el poder del diablo” (Hechos 10,38); en su ministerio terrenal realizó muchas liberaciones, como a un hombre que tenía un espíritu impuro en la sinagoga de Capernaum (Marcos 1,21-26); al endemoniado de Gerasa (Marcos 5,1-13); a la hija de una mujer de cananea (Mateo 15,21-28); a María Magdalena a la que le expulsó siete demonios (Marcos 16,9); a un muchacho por pedido de su padre (Mateo 17,14-19); y a muchos otros endemoniados (Marcos 1,32.39; Lucas 6,18; 7,21;13,32). Además curó a otras personas que tenían incapacidades físicas atribuidas al Maligno (Mateo 12,22; Marcos 9,25); y de diferentes males, enfermedades y dolores (Mateo 4,24; 9,32; Marcos 1,26). El Señor Jesús le confiere este poder a los apóstoles y discípulos (Mateo 10,1.8; Marcos 6,7.12-13; Hechos 5,16; 8,6-7), para que lo hagan en su nombre (Lucas 10,17); también fue hecho por uno que no pertenecía al grupo de los doce (Marcos 9,38-39); y por el apóstol Pablo (Hechos 16,16-18). Esta será una de las señales dadas a los que creen (Marcos 16,17); pero a los que no seguían sus mandatos, no tenía efecto (Hechos 19, 13-15).
La Iglesia Católica y el rito del “exorcismo”,
Se le define como la acción de sacar a los malos espíritus introducidos en una persona (posesión diabólica), y llenar ese vacío con las gracias del Espíritu Santo ( Gálatas 5,22-23; Romanos 8,14). Los Santos Padres de la Iglesia como San Justino mártir (s. II), Tertuliano (s. III), Orígenes (185-254), y San Cipriano (210-258), practicaban la liberación de endemoniados, además enseñaban que cada cristiano era un exorcista(48). Posteriormente, el Papa Cornelio hacia el año 251, creo una categoría de individuos con este poder carismático (1Corintios 12,4); que fue concedido después para los sacerdotes y los diáconos con la autorización del obispo. Hoy en día la Santa Sede a autorizado un nuevo “ritual exorcista”, este sacramental (signo sagrado), sólo se puede efectuar después de haber agotado todos los recursos de la medicina moderna, la siquiatría, y el campo de la parapsicología.
Expertos en el tema como fue monseñor Corrado Balducci, exorcista oficial del Vaticano, y el Padre Gabriel Amorth, fundador y presidente honorífico de la asociación internacional de exorcistas; están de acuerdo en reconocer que solamente dos o tres casos de 100, son verdaderas posesiones satánicas.(49)
Las mejores armas contra las fuerzas del infierno son: El sacramento del bautismo, que nos incorpora al cuerpo místico de Cristo, y nos protege contra el Diablo; al igual que la confesión y la eucaristía. La oración del Padre Nuestro, cuando Cristo nos invita a repetir: “No nos expongas a la tentación, sino líbranos del maligno” (Mateo 6,13). Los exorcistas tienen que recurrir a la fe en Jesús (Mateo 17,19-20), la plegaria (y el ayuno) (Marcos 9,29). Otros sacramentales utilizados son el agua bendita, la sal y el santo óleo; crucifijos, reliquias de santos, la oración de los salmos. El creyente puede recurrir a devociones particulares como el rezo del rosario, el vía crucis, cargar el escapulario o la medalla milagrosa; o pedir la intercesión de San Miguel arcángel y de la Bienaventurada Virgen María. Sobre el particular, se sabe de una aparición a San Hugo de Cluny, en el año 1060, donde ella se presenta como la “vencedora de Satanás”.(50)
Por otra parte, en las diferentes civilizaciones del Oriente, y en las culturas y religiones ancestrales, se encuentran dioses del mal, espíritus malignos, guardianes del infierno, príncipes de las regiones subterráneas o señores de la muerte; como fueron Seth y Anobis en Egipto, Tiamat en Babilonia, Pazazú en la antigua Mesopotamia, Tifón para los griegos, Loki en los pueblos germanos y escandinavos; en Camboya, Birmania, Siam, Indonesia y Japón se menciona a Yama, en Siberia o Mongolia lo llaman Erlik, es también Arimám en el Zoroastrismo; Shiva y Kali en el Hinduismo; Aka-oni y ao-oni en el Budismo. Los escritores bíblicos identificaron a Baal, dios de Fenicia y Caldea; y Zeús (para los griegos) o Júpiter (para los romanos), como verdaderos ídolos del demonio ( 1Corintios 10,20; 2Corintios 6,16; Apocalipsis 9,20). Para los musulmanes es Eblis, el diablo que Mahoma sacó del Talmud judío a las páginas del Corán. En el día de juicio final; será aniquilado por el triunfo del Islam, y proclamado por el profeta Jesús. Corriente heréticas condenadas por la Iglesia Romana como los Gnósticos, Maniqueos, Priscilianos, Cátaros y Bogomilos; limitaban el poder del Altísimo por el del Diablo, hasta hacer de él un dios
Sobre el aspecto físico del Demonio se conservan antiquísimos dibujos, estatuillas de bronce, pinturas rupestres, mascaras y descripciones legendarias; en todas ellas hay aspectos según la imaginación popular que lo presentan como una figura de tamaño pequeña, cuernos, cabellos largos y enredados, la cara llena de arrugas, dientes filosos y lengua bífera, barba de chivo, cuerpo cubierto de escamas o víboras, enorme giba, cojo, pezuñas, larga cola y alas de murciélago. Otras veces su aspecto puede ser real, como los encuentros que vivieron los padres del desierto como San Antonio Abad, que fue seducido por Lilith (demonio en forma de mujer para los judíos), que recibe también el nombre de súcubo; a su discípulo San Hilario (s. IV), lo rodearon un círculo de mujeres desnudas, igual tentación tuvo San Hipólito (s. III); San Pacomio vio el Diablo como una doncella de raza negra; el santo expulsó a la diablesa de un golpe de su mano, después, el hedor quedó impregnado durante dos años. San Macario fue hostigado por una chusma de demonios negros. A otros como San Nicolás de Mira (s. IV), se le apareció en su monasterio un “ángel luminoso” pero con una gran cola (comparar con 2Corintios 11,14); a Rufino, amigo de San Jerónimo (s. IV); llegó a visitarlo con el aspecto de Jesús; a San Martín de Tours (315-397); en forma de monaguillo burlón mientras oficiaba la misa; a San Benito (480-547) como un mirlo negro; a Santa Viridiana (1182-1242), como dos serpientes que la mortificaron mucho los últimos años de su vida; Santo Domingo de Guzmán (1170-1221), observó a un gato con un penetrante olor a azufre; a martín Lutero (1483-1546), padre de la reforma protestante, toda su vida fue acosado por el Diablo, así cuando leía la Biblia se le aparecía en forma de mosca, otras veces como un cerdo o jabalí negro; a Santa Rosa de Lima (1586-1617); el demonio apareció como un perro sarnoso que amenazaba con atacarla, o como un galán seductor; a San Juan María Vianney (1785-18859), el célebre “cura de Ars” sufría continuamente los ataques como un perro negro que el llamaba el “zarpas”; San Juan Bosco (1815-1888) describió al demonio en un sueño como un furioso elefante; a Santa Gemma Galgani (1878-1903), asumía el aspecto de perro, gato, de mico negro, de pequeños monstruos, de personas conocidas como su confesor, de hombres feroces, como Cristo flagelante, con el corazón abierto todo ensangrentado; o como ángel guardián, que al ser descubierto desaparecía en una gran llamarada dejando en el suelo un montón de cenizas. Otras apariencias mencionadas son: León, leopardo, oso, caballo, toro, camello, lobo, zorro, cuervo, pavo real y escorpión.
Estas visiones demoníacas iban acompañadas de temblores, ruidos, alucinaciones aterradoras, gritos, blasfemias, obscenidades, tentaciones de todo tipo, a veces cantando salmos, recitando versículos de las Escrituras o diciendo pequeñas verdades, antes de proferir una gran mentira (1Corintios 12,10). Incluyendo ataques físicos (Marcos 9,22; Lucas 22,31; 1Pedro 5,8); como a los ya mencionados San Antonio, a quien un grupo de espíritus malignos lo golpearon hasta dejarlo inconsciente; a San Hilario, el Diablo saltó sobre sus espaldas para azotarlo; al santo cura de Ars, lo arrojaba de la cama, le soplaba en la cara, o le tiraba toda clase de cosas; a Santa Gemma Galgani, la dejaba medio muerta en el suelo, con el rostro hinchado y los huesos dislocados; mientras que San Pío (1887-1968), el fraile estigmatizado, fue víctima de violentas golpizas en su celda del convento de Pietrelcina.
A través de los tiempos ha existido la falsa adoración al príncipe del mal; en Europa en la edad media se les llamaba “luciferinos”; en los siglos XVI al XVIII, los brujos y las brujas se reunían en la noche en una celebración llamada “Aquelarre o Sabbath”; su punto de encuentro eran los cruces de caminos, los bosques, campos de cultivos o iglesias abandonadas; las reuniones estaban acompañadas de música, cantos y bailes en honor del Demonio; banquetes, orgías, pisoteaban la cruz, se postraban a los ídolos. Se decía que el Diablo se hacía presente en forma de macho cabrío; y en señal de sumisión le besaban el trasero, o las brujas llegaban a tener dolorosas relaciones sexuales con él (incubo). Otras acusaciones que el tribunal del santo oficio y la inquisición formulaban contra las brujas eran: La práctica de la hechicería, la magia negra, los maleficios, el mal de ojo, la adivinación, los encantamientos, la fabricación de pócimas y amuletos, la metamorfosis en animales, los vuelos nocturnos, el pacto con Satanás, el envenenamiento de los ríos, la destrucción de las cosechas, o una sequía prolongada.
En el siglo XVIII empezaron a surgir los cultos satánicos en el viejo continente; uno de los pioneros fue Aleister Crowley (1875-1947), el mismo se auto- denominó como “la gran bestia” o el “666” del libro de las revelaciones (13,18).(51) En el siglo XX, Anton La Vey (1930-1997), conocido como el “papa negro”, funda en 1966 la primera iglesia satánica llamada “la casa negra”, en San Francisco (California). Es además el autor de la “biblia negra” y un libro sobre “rituales satánicos”; para la celebración de la misa negra, que contiene muchos elementos de la liturgia católica, pero a la inversa. En Francia se funda la Wicca (órden internacional de los brujos luciferinos), también la ciudad de Turín (Italia), es considerada la capital mundial del satanismo. Ya entre los jóvenes se ha multiplicado las sectas satánicas, que escuchan la música de heavy metal de Alice Cooper, Ozzy Ousbore, Marilyn Manson, Kizz (sigla en inglés que significa: Reyes Al Servicio de Satanás), Black Sabbath (sábado Negro), AC-DC (Anti- Cristo- Muerte de Cristo). Algunos ex miembros de estas sectas han confesado que los bautismos se hacen con orines de cabra, sacrifican bebés sin bautizar, o animales como perros, gatos y gallinas; destrucción de lápidas en los cementerios, crucifijos o descabezamientos de imágenes de la Virgen; hacen orgías bisexuales o tienen relaciones sexuales con los muertos (necrofilia) bajo el efecto de la droga y el licor, actos sacrílegos como la profanación de la hostia consagrada, el robo de cálices, cupones y custodias en los templos, a veces el asesinato de sacerdotes y el suicidio en homenaje de Satanás.
Para muchos pastores fundamentalistas, este panorama actual son el presagio del advenimiento del reinado del “anti- Cristo”. No obstante, en Las Sagradas Escrituras este apelativo no hace referencia a un personaje en particular; sino a todo aquel que se opone a Dios y su religión (1Juan 2,18; 4,3; 2Juan 7). En la historia universal ha habido muchos “anti- Cristo” que se han destacado por sus crímenes contra la humanidad (Salmo 7,14-16); como: Calígula, Nerón, Atila, Napoleón, Hitler, Stalin, Mao Ste Tung, Pol Pot, Saddam Hussein, Osama Bin Laden entre muchos otros. Para San Pablo, el “hombre malvado” que se hace pasar por Dios, está por venir (2Tesalonisenses 2,3-4); “llegará con mucho poder, y con señales y milagros” (19); con la sabiduría “del diablo mismo” (Santiago 3,15). Porque “el espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos se apartarán de la fe, siguiendo a espíritus engañadores y enseñanzas que vienen de los demonios” (1Timoteo 4,1). Sea que este “hombre malvado” ya halla llegado o esté por venir (o es un simbolismo); lo cierto es que el Diablo sabiendo que le queda poco tiempo, ha bajado a al tierra lleno de furor (Apocalipsis 12,12). En una revelación particular, la Virgen de Medjugorje, dice que “Satán se ha desatado”(52). Sin embargo, el vencimiento del maligno es triple:
Cuando por castigo de su primer pecado, cayó del cielo como un rayo (Lucas 10,18).
Su férreo dominio del mundo, es quebrantado por la muerte redentora de Cristo en la cruz; derrotando al Diablo que tenía poder para matar (Hebreos 2,14). Jesús ha vencido al mundo (Juan 16,33); ante su nombre se dobla toda rodilla de los ángeles, los hombres, y los demonios (Filipenses 2,10).
“El Dios de la paz aplastará pronto a Satanás” (Romanos 16,20), y al “hombre malvado” “el Señor Jesús matará con su boca y destruirá cuando regrese en todo su esplendor” (2Tesalonisenses 2,8); en compañía de “miles y miles de sus ángeles” (Judas 14), entonces serán juzgados los demonios y los impíos (Isaías 24,21-22; Mateo 25,41). Porque “Por medio de Cristo, Dios venció a los seres espirituales que tienen poder y autoridad, y los humilló públicamente llevándolos como prisioneros en su desfile victorioso” (Colosenses 2,15).
Los Demonios y el sexo incibus sucubus
A lo largo de la historia, algunos autores de demonología católica ha afirmado que existen demonios masculinos y femeninos capaces de tener contactos sexuales con los humanos. En otras tradiciones culturales también existen entidades similares. Y lejos de ser un mito antiguo, para algunas personas la existencia de esas criaturas es una realidad actual y constatable.
"Yo me había acostado muy cansada aquella noche, pero aún no estaba dormida cuando sentí una presión en un pecho. Notaba perfectamente como me apretaban el seno con lujuria, y me excité. Sentí como una manos recorrían mi cuerpo y como apartaban la ropa de la cama. Y por fín sentí la penetración. Un gran pene rugoso me penetraba con fuerza, sabía quien era ese ser invisible y eso me excitaba más. Y por fín tuve un orgasmo brutal. Era mi primer orgasmo con el Diablo, y desde entonces estoy absolutamente enamorada de él. Yo ya no podría amar a ningún hombre, porque he conocido el placer con los demonios, y ningún hombre puede estar a la altura de eso...". No, no se trata de un relato extraído de cualquier tratado de demonología del medievo, sino de un testimonio moderno. La mujer que afirma haber vivido esas cópulas con los demonios es Raquel Joana, sacerdotisa satánica española que ha reflejado sus experiencias sexuales con los demonios en un lujurioso libro titulado Confidencias de una bruja. Obra inédita que en su día fue candidata al prestigioso premio literario La Sonrisa Vertical.
Raquel, sacerdotisa de La Iglesia de Satán no es la única satanista contemporánea que afirma haber mantenido relaciones sexuales con los demonios.
Los supuestos contactos sexuales entre hipotéticas entidades sobrenaturales y los humanos aparecen en todas las culturas. En la tradición bíblica judeocristiana el mismo Génesis sugiere que en el principio de los tiempos "los hijos de los dioses se juntaron con las hijas de los hombres" dando lugar a una raza de gigantes. Sin embargo habrían de transcurrir muchos siglos para que la Iglesia Católica afrontase directamente este espinoso tema. Y cuando lo hizo, la paranoia más irracional, y la obsesión más enfermiza se cebó en uno de los mitos que más ha manchado de sangre las incólumes túnicas del clero.
Incubos y súcubosA partir del siglo XIII, con la instauración de la Santa Inquisición, los casos de supuestos contactos sexuales con los demonios comenzaron a multiplicarse.
Los íncubos y súcubos serían, según los demonólogos cristianos, los demonios que, obedeciendo órdenes de Satán, tendrían encuentros sexuales con los humanos.
Incubos y súcubos, términos que provienen de incubare y sucubare -estar acostado debajo, o encima-, serían seres sobrenaturales, pero capaces me materializarse en nuestro universo tridimensional dotados de cuerpos reales y físicos, con carne y sangre, y esperma... Los íncubos serían demonios con forma de varón, cuya misión sería la de cohabitar con mujeres humanas; y los súcubos serían diablesas femeninas que fornicarían con los hombres.
Tanto los íncubos como los súcubos acostumbraban a visitar a los mortales en sus lechos para tener relaciones con ellos. Al despertar, en muchas ocasiones, de no ser por encontrar restos de sangre o semen en las sábanas, los violados solo recordaban la experiencia como un sueño erótico. Tanto es así que algunos reputados demonólogos, como el mismísimo San Agustín,, negaron durante algún tiempo que estos lujuriosos demonios tuviesen cuerpos físicos. Según la angeología católica, los ángeles -y por ende también los demonios- no poseen cuerpo físico. Sin embargo, ante la avalancha de testimonios recogidos por los inquisidores, San Agustín y sus contemporáneos terminaron por aceptar la realidad física de estas supuestas entidades demoníacas.
De esta forma, estudiosos de la talla de Santo Tomás de Aquino, Alejandro Magno, Ulrich Molitor, Martín de Arles, Pedro de la Palau, Roger Bacon, Suns Scoto, San Agustín o los autores del famoso Malleus Maleficarum aceptaron y respaldaron en sus obras la existencia real de íncubos y súcubos.
Estos "vistantes de dormitorios" estubieron presentes en numerosos procesos inquisitoriales por brujería. Sería interminable enumerar todos los casos en que un acusado de hechicería confesó su trato carnal con los demonios. Alexee Drigie, Claudia Fellet, Didatia de Miremont, Juana D`Abadie y tantos otros, narraron con todo lujo de detalles sus encuentros sexuales con los diablos. Sin embargo debemos tener presente que muchas de esas confesiones fueron arrancadas de los acusados utilizando espeluznantes instrumentos de tortura. El sillón de clavos, el potro, el sarcófago o tantos otros sistemas de interrogatorio inquisitorial harían confesar al más pío de los mortales todos los crímenes y aberraciones que el torturador desease. Confesar cualquier absurda práctica infernal sería preferible a soportar los tormentos del monstruoso sarcófago inquisitorial.
En sus confesiones, las víctimas del tormento describían a los demonios de las formas más diversas. Las mujeres seducidas describían el falo de los íncubos, unas como un miembro tan grande como su antebrazo, y otras como más pequeño que el meñique. El semen para unas era frío como el hielo, y para otras ardiente como las brasas. Sin embargo, la descripción más habitual de estos "visitantes de alcoba" era el de unos hombrecitos de baja estatura, cabello revuelto y gran pene siempre erecto, que tenía dolorosos encuentros sexuales con su víctima, pudiendo llegar a dejarla embarazada. Según una antigua tradición así nacerá el Anticristo, fruto de la violación de un íncubo a una virgen. Tradición conservada actualmente por algunos satanistas modernos. M. F. es una otra sacerdotisa satánica española que afirma haber mantenido varias experiencias sexuales con el demonio. Según afirmaba a Mundo Misterioso, espera ser fecundada por uno de los demonios y traer al mundo al Anticristo que, según su culto luciferino, "habrá de heredar el poder de la Tierra...".
No obstante, a lo largo de la historia han sido las religiosas las víctimas más propicias para las correrías de los íncubos. Esto resulta comprensible teniendo en cuenta la represión sexual que vivían, y viven, los religiosos y religiosas católicos.
Era creencia universalmente extendida en tiempos del medievo que los íncubos buscaban vírgenes inmaculadas para hacerlas caer en las tentaciones de la carne. De hecho los casos más famosos de supuesta relación sexual con íncubos fueron protagonizados por vírgenes como Juana D`Abadie, religiosas como la abadesa Magdalena de la Cruz o las famosas "posesas de Loudum", o incluso niñas como la pequeña -de once años- Dominique Falvet, o la aún menor Catherine Latonia.
Demonios con cuerpo de mujerEn el caso de los súcubos, lujuriosos demonios femeninos, aunque la casuística es menor se producen similares descripciones en cuanto a sus actividades y propósitos. Tal es el caso de Petronio de Armentieres, que tuvo repetidas relaciones con el súcubo Abrahel, o el joven Hennezal de Vergaville, que afirmó haber fornicado con un súcubo llamado Schwqrburg, cuyo cuerpo tuvo que abandonar antes de la eyaculación "ante lo gélido de su vagina" (?).
En los casos de varones, al igual que en los de mujeres seducidas, la componente obsesiva del celibato indudablemente alentó -y alienta- todo tipo de fantasías nocturnas en las celdas de los monjes, que en aquel tiempo podrían ser consideradas visitas de los demonios. Por otro lado el recalcitrante machismo que ha imperado en la historia de la iglesia identificaba a la mujer con el mayor instrumento de Satán. Ya decía Saulo que "Satán tiene cuerpo de mujer". Y de la misma forma que en algunos monasterios femeninos se desataron episodios histéricos a causa de la represión sexual, lo propio ocurrió en monasterios masculinos. El controvertido y excomulgado historiador Karleinz Dechner detalla en su Historia Criminal del Cristianismo numerosos episodios de alucinaciones sexuales en monasterios cristianos, en que fantasías con el "divino prepucio de Cristo" o con la Virgen María eran disfrazados de trances místicos por las religiosas y los monjes respectivamente.
La represión sexual desató las fantasías más disparatadas en los inquisidores y demonólogos, llegando el célebre teólogo del siglo XVI Silvester Prierias, maestro de San Bartolomé Spina y autor de De Stringimagis, a asegurar que algunos íncubos tenían el pene bifurcado cuan lengua de serpiente, o en forma de tridente, para poder penetrar anal y vaginalmente a la bruja, quien a la vez realizaba una fellatio
martes, noviembre 14, 2006
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