lunes, mayo 14, 2007

Ya no vivo yo, es Cristo que vive en mí' (Gál 2, 20). 'Ser Cristo' como clave de la vida del padre Alberto Hurtado

Hace un tiempo atras me pidieron que subiera un texto sobre la busqueda del yo en Cristo y estoy trbajando en el, pero por ahora los dejo con la PRIMERA PARTE de este interesante escrito del profesor Samuel fernadez basado enla vida y escritos del Padre Hurtado que talves pueda aclarar alguna dudas

Samuel Fernández E.
Profesor de la Facultad de Teología


RESUMEN

En los escritos de Alberto Hurtado, el versículo bíblico citado con mayor frecuencia es Gálatas 2, 20: "Vivo yo, ya no yo, es Cristo que vive en mí". Y en muchos escritos, el Padre Hurtado destaca la centralidad de este ideal paulino en la espiritualidad cristiana: "¡Qué simple resulta nuestra espiritualidad Ser Cristo!". Estas observaciones indican a Gál 2, 20 como la clave de la espiritualidad del santo jesuita.

El presente artículo ofrece una presentación sistemática del contenido de Gál 2, 20 en los escritos del Padre Hurtado, en búsqueda de una clave que permita comprender la espiritualidad, y más ampliamente vida, del santo jesuita.
La identificación con Cristo, propuesta por Gálatas 2, 20, constituye esta clave que conjuga el ideal paulino de 'ser Cristo' con el reconocimiento de Cristo en el otro, en especial el pobre, propuesto por la teología del Cuerpo Místico.

Al estudiar los escritos del Padre Alberto Hurtado (
1), se comprueba que el versículo bíblico citado con mayor frecuencia es Gálatas 2, 20: "Vivo yo, ya no yo, es Cristo que vive en mí". Además, se encuentran múltiples afirmaciones que explicitan la centralidad de este ideal paulino en la espiritualidad cristiana, según el Padre Hurtado: "¡Qué simple resulta nuestra espiritualidad! Ser Cristo" (2). Estas observaciones indican a Gál 2, 20 como la clave de la espiritualidad del santo jesuita.
Naturalmente, entre los escritos de Alberto Hurtado, no se encuentra ningún comentario sistemático de Gál 2, 20. Y, por tanto, será necesario ensayar una reconstrucción de la comprensión del texto paulino a partir de las muchas alusiones directas o indirectas que se conservan en sus escritos. Es el propósito del presente artículo.

1. CENTRALIDAD DEL 'SER CRISTO' EN LA OBRA DEL PADRE HURTADO

En diversos escritos, el Padre Hurtado insiste en la centralidad del programa de San Pablo, expresado en Gál 2, 20. Ya han sido citadas las palabras finales de un texto que precisamente se llama La unidad de nuestra espiritualidad, y que corresponde a la plática conclusiva de un retiro al clero de la diócesis de San Felipe:
¡Qué simple resulta nuestra espiritualidad! Ser Cristo. Obrar como Cristo en cada circunstancia de mi vida, en lo que Cristo me ponga delante (
3).
Y así como esta frase, se encuentran otras que destacan la centralidad de Gál 2, 20 en la vida cristiana: "Ser cristiano es ser incorporado a Cristo, imitar a Cristo, ser otro Cristo poder decir con verdad: ya no vivo yo… Cristo" (
4). En Puntos de Educación afirma de modo rotundo: "Ser cristiano es ser Cristo" (5). Y ante los profesores de la Universidad Católica, declara:
Todo el evangelio y todos los santos [están] llenos de este ideal, que es el ideal cristiano por excelencia. Vivir en Cristo; transformarse en Cristo… San Pablo: Nada juzgué digno sino de conocer a Cristo y a este crucificado… Vivo yo; ya no yo, sino Cristo vive en mí (Gál 2, 20) (
6).
Estas afirmaciones dejan clara la centralidad que Alberto Hurtado otorga al programa de Pablo, que considera el ideal cristiano por excelencia y su "única obligación" (
7). Y así, "la santidad es dejarse tomar por él, diciendo: 'Es Cristo el que vive en mí'" (8). E incluso llega a afirmar: "'Vivo yo; ya no yo; vive en mí, Cristo'. ¡Ser Cristo! He aquí todo mi problema. La razón de ser de la creación" (9). Llegar a 'ser Cristo' es, por tanto, la razón de ser de la creación (10).
Un testimonio del P. Víctor Risopatrón, S.J., recogido en el proceso cognicional, confirma esta centralidad: "Era un hombre de Dios: 'Otro Cristo'. Entregado sin reservas y sin horario. Quiso ser 'otro Cristo' y lo consiguió. Se asimiló totalmente a Cristo: los deseos de Cristo eran sus deseos; las palabras de Cristo eran sus palabras… Fue tanto lo que nos inculcó que debíamos ser 'otros Cristos', que yo quise serlo… y partí al Noviciado de la Compañía de Jesús…" (
11).
Alberto Hurtado considera que el redescubrimiento de la centralidad del programa de Pablo es "una de las conquistas más profundas de nuestro siglo" (
12). Ciertamente, se refiere al desarrollo de la teología del Cuerpo Místico que, naturalmente, es anterior a la publicación de la Encíclica Mystici Corporis Christi (1943), y que había estado precedida de importantes obras como la de Columba Marmión, Le Christ, vie de l'âme y al de émile Mersch, Le Corps Mystique du Christ. études de Théologie historique, a quien había tenido como profesor en Lovaina. Alberto Hurtado, en relación a esta doctrina, escribe en 1947:

Esta doctrina es la llamada a unificar toda la teología católica, como lo decía tantas veces uno de sus más ardientes vulgarizadores, el P. Emilio Mersch, S.J. Utilísimo sería que esta doctrina fuera estudiada a fondo en todas su consecuencias y en todas sus aplicaciones (13).
Los artículos de Mersch en Nouvelle Revue Théologique son abundantes e influyeron mucho en Alberto Hurtado durante su período de formación. En especial, La vie historique de Jésus et sa vie mystique (
14). En esta teología encontramos la raíz de muchas afirmaciones del santo jesuita (15). Y se comprueba así, lo mucho que influyó el estudio de la teología en la configuración del ministerio del Padre Hurtado.

2. LA ENCARNACIÓN COMO FUNDAMENTO DEL 'SER CRISTO'

La posibilidad del hombre de 'ser Cristo' tiene su fundamento en la encarnación. 'Ser Cristo' significa pertenecer al Cuerpo Místico de Cristo, y esto se vuelve posible gracias a la encarnación. Así lo explica en un documento:
El Verbo, al encarnarse, quiso unir a Dios la naturaleza humana, y lo obtuvo en esa unidad maravillosa de la unión hipostática del Verbo con la naturaleza humana: unidad estrecha, inseparable, indisoluble. Dios pudo decir con absoluta verdad: tengo cuerpo, tengo alma, sufro, padezco… y un hombre que caminaba por las calles y tenía hambre, sed, dolor, podía decir: ¡Soy Dios! (
16)
Es decir, la primera unión entre la humanidad y la divinidad se da en el Hijo de Dios hecho hombre: Jesucristo. La unión hipostática, es decir, la unión de la naturaleza humana y divina en la persona del Verbo, fundamenta la comunión de propiedades (la clásica doctrina cristológica de la communicatio idiomatum) que expresa la realidad de esta unión. Pero esta unión va más allá de la persona misma del Verbo considerada individualmente. Continúa el mismo texto:
Pero esa unidad realizada en Cristo no era más que el principio de una unidad inmensamente mayor: quería el Padre que nosotros al unirnos a Cristo pasáramos a ser, por nuestra incorporación a él, verdaderos hijos suyos. Quería llamarnos hijos, y que lo fuéramos en absoluta verdad, y para eso nos quería unidos a Cristo, quería vernos en Cristo (
17).

La unión hipostática es fundamento de una más amplia: la unión de los hombres con Dios, en modo que los hombres también llegáramos a ser hijos de Dios: 'Los hombres, por gracia, pasan a ser lo que Jesús es por naturaleza: hijos de Dios' (18). Y por esta unión íntima con Cristo, podemos decir: ¡Cristo vive en mí! (cf. Gál 2, 20). La unión con Dios Padre se basa en nuestra incorporación a Cristo. Y esta unión alcanza a todos los hombres:
El Hijo de Dios, al unirse a una naturaleza humana, elevó en ella a todo el género humano. Cristo es el primogénito de una multitud de hermanos con quienes comparte su propia vida divina. Cristo es la Cabeza de un Cuerpo, el Cuerpo Místico, cuyos miembros somos o estamos llamados a serlo nosotros, sin limitación alguna de razas, de fortuna, ni de otra alguna consideración. Basta ser hombre para poder ser miembro del Cuerpo Místico de Cristo, esto es, para poder ser Cristo (
19).
Todo el género humano es alcanzado por los efectos de la encarnación. Se aprecia una universalidad sorprendente, por cuanto el Padre Hurtado no tiene reparos en afirmar que 'basta ser hombre para poder ser miembro del Cuerpo Místico de Cristo, esto es, para poder ser Cristo', afirmación que tiene importantes consecuencias eclesiológicas, como se verá más abajo. Esta universalidad tiene amplias perspectivas. Así lo expresa en 1946, al regresar de Estados Unidos:
La perfección sobrenatural, y aun natural, consiste en incorporarse más y más vitalmente a Cristo; en dejar que la Gracia que viene de él se apodere de mí; que mis pensamientos, deseos y aspiraciones sean los suyos, que pueda yo decir con San Pablo: 'Mi vivir es Cristo'; 'Vivo yo, ya no yo, sino Cristo en mí' (
20).

La repercusión universal de la encarnación implica que la perfección del hombre -aun su perfección natural- consista en su incorporación a Cristo. Esta misma universalidad cristológica se traspasa a la mariología: "María, por ser Madre de Cristo, dio a luz a todos los hombres" (21). Se trata, como él mismo lo dice, de aceptar la encarnación con todas sus consecuencias (22).
La insistencia en que el fundamento último de la unión con Jesucristo es la misma encarnación evita cualquier vestigio de pelagianismo, error que el Padre Hurtado consideraba latente en nuestra vida (
23). La absoluta libertad de Dios en el designio de la encarnación destaca la iniciativa divina y, por tanto, la prioridad de la gracia de Cristo por sobre el esfuerzo humano. Se trata, según Alberto Hurtado, de 'dejar que la Gracia que viene de Cristo se apodere de mí' (24). Se trata, entonces, sobre todo, de remover los obstáculos, para que Cristo se abra paso y se apodere del hombre, destacando así la fuerza del amor de Jesucristo (25). Por eso asegura:
En mi vida sobrenatural, cuanto hay en mí de capacidad, de fuerza, de santidad, ¡de arriba viene! De Dios por Cristo. Vivo yo, ya no yo; vive Cristo en mí (Gál 2, 20). De él desciende toda perfección; son más de él que mías mis virtudes (
26).

Queda clara, entonces, la iniciativa de la gracia en el programa de 'ser Cristo'. Esto no quiere decir que el hombre no participe en este proceso. El Padre Hurtado evita tanto el pelagianismo como el quietismo (27). Esta unión a Cristo no es homogénea ni automática: alcanza 'de derecho' a todos los hombres, y está llamada a desarrollarse 'de hecho' y en diversos grados (28), e incluso se puede perder:
La única derrota consiste en dejar de ser Cristo por la apostasía o por el pecado, la primera lo expulsa de Cuerpo místico, la segunda lo hace un miembro muerto (
29).
Estas afirmaciones nos invitan a reflexionar acerca de la naturaleza de la unión que se produce, a partir de la encarnación, entre Cristo y cada hombre.


3. NATURALEZA DE LA UNIÓN ENTRE CRISTO Y LOS HOMBRES
La teología francófona de la primera mitad del siglo XX se había centrado en la persona de Cristo, buscando las consecuencias espirituales de su unión con los hombres. El Padre Hurtado fue testigo de esta corriente en Lovaina, y debió haber reflexionado mucho acerca de este tema (
30). En Puntos de Educación afirma:

[Cristo] y yo formamos realmente uno, no con unidad que destruya nuestra individualidad, ni que llegue a constituir una unión hipostática como la que existe entre las dos naturales de Cristo, pero sí con una unidad que los teólogos llaman mística, esto es, misteriosa pero no menos real que las anteriores (31).

El texto contiene varios elementos importantes. Tomando el lenguaje de la cristología clásica asegura que nuestra unión con Cristo es una unión mística, pero que no se identifica con la unión hipostática (la que se da entre divinidad y humanidad en Cristo). Se trata de una unión misteriosa pero real. La valorización del carácter 'real' de lo 'místico' posiblemente depende del concepto de mysterion en la teología de San Pablo, tan valorado por la Nouvelle Théologie. Nuevamente aparece la valoración de la teología: el modo de comprender la constitución ontológica de Cristo tiene sus repercusiones en la acción de la Iglesia.
Esta unión mística, real pero no hipostática, no destruye la individualidad. De este modo, el hombre en Cristo permanece realmente unido a él, sin perder su propia individualidad. Aparecen dos elementos, aparentemente en tensión, que serán característicos de la espiritualidad del Padre Hurtado: la pérdida de sí mismo, por la unión, y la colaboración activa, en virtud de la propia individualidad. ¿Cómo se articula esta relación?



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